Nuestra desnudez

Hay muchos tabúes sobre la desnudez y muy poco respeto hacía ella.

Tenemos tantos prejuicios que tomamos como ofensa el ser testigos de que una persona decida vivir su desnudez por decisión propia, ya sea por placer o para ganarse la vida con ello.

¿Por qué por norma general lo vemos tan poco ético y lo asociamos a que quien lo hace, tiene baja autoestima y quiere llamar la atención? ¿Y eso que tanto se oye de que eres “fácil” si trabajas con la desnudez de tu cuerpo? ¿Y fácil, por qué? ¿Acaso no hay ofensa en decir tal cosa?

No acabo de entender porque a día de hoy sigue habiendo tanto odio contra la desnudez. Es como menos curioso que una sociedad tan conectada e informada como lo está, tenga conflictos con la libertad de expresión y la diversidad de cuerpos y gustos que existen en él.

Respetar el cuerpo y los gustos de la otra persona es algo que decimos hacer, pero a la hora de la verdad no lo cumplimos y aún así, exigimos ese derecho para nosotros.

Si nacemos desnudos, irradiando inocencia y pureza sin que oculten nuestro sexo por inmoralidad, ¿por qué al llegar a una edad llenamos la desnudez de vergüenzas y es algo que hay que mantener oculto? Asociamos la desnudez directamente con el deseo sexual por todas las represiones que vamos cargando sobre nosotros a lo largo de nuestra vida, sin reflexionar que la causante del problema es la represión en si. Una cosa es el deseo sexual y otra cosa muy distinta la represión sexual. El deseo sexual es algo innato en la naturaleza y está ligado a la libertad sexual y al poder de decisión de cada persona. Mientras que la represión sexual es provocada por los prejuicios sociales que nos imponen creencias limitantes sobre nuestro propio cuerpo y el de los demás llevándonos a no respetarlos. Justificamos esa represión volcando la responsabilidad en la otra persona para no sentirnos responsables de como hemos actuado.


Es curioso que aceptemos ver barbaridades cargadas de asesinatos en el cine o tv pero nos cueste aceptar la desnudez o escenas sexuales cuando lo primero trata de violencia y destrucción y lo segundo trata sobre algo natural que nos acompaña toda la vida.

El problema al tratar la desnudez no está en la persona que la muestra si no en los ojos de quien la ve. Es cierto que un cuerpo desnudo puede provocar todo tipo de emociones y deseo, pero eso no quiere decir que tengamos que ceder ante ellas sin el consentimiento de la otra persona.

Aprendamos a desechar los prejuicios con toda su toxicidad y redescubramos nuestro cuerpo.

La magia de la desnudez representa todo aquello que somos. Descubrir todos los puntos que hay en nuestro cuerpo es un aprendizaje que nos llena de amor porque no es un simple cuerpo lo que vemos, es nuestro sello, nuestro descubrimiento de cómo nos vemos y cómo nos podemos relacionar con él.

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