La Azotea

Estábamos en su azotea, solos, rodeados de edificios llenos de personas. Decidí que quería hacerme fotos y grabar un video allí. Mientras él iba a por su cámara, yo me desnudé. Quería experimentar, sentirme libre con mi desnudez. Me excitaba la idea de que me pudieran ver desnuda. Pero al mismo tiempo tenía prejuicios de los que quería deshacerme.


Nada de aquello estaba preparado. Me bloqueé porque no sabía por dónde empezar. Tenía miedo, quería dejarme llevar pero no terminaba de conseguirlo.

Entonces él se acercó a mi, intentando tranquilizarme, dándome su apoyo.

Aquella situación fue inesperada, algo que no estaba previsto.

Él empezó a besarme, a tocarme…

Sus manos, sus dedos…recorrían mi piel desnuda… eran tan suaves… deseaba más. Sentí su erección. Con decisión, me llevó hasta el pequeño muro que nos separaba del abismo, y bajó hasta mi sexo sin preguntar.


La puerta que daba al interior del edificio no estaba cerrada del todo. Se escuchaban voces alrededor. Me excitó tanto…

Él estaba para mí. Sus labios, mi sexo, cada vez me humedecía más. Sentía frío, vergüenza, placer intenso. Era un coctel de sensaciones.

Me dolía pero a la vez me liberaba. Quería más.

Apretaba mi sexo contra su boca. Mi piel se erizaba, sus manos buscaban mis pechos y mis pezones se endurecían. Me apoyé contra el muro y me dejé llevar. Sentía su deseo, sus ganas de satisfacerme.



En uno de los balcones había alguien, pero, ¿alcanzaba a vernos? No me importaba.

Mi cuerpo me pedía soltar con la voz, sin retener nada. “Deja que tu energía se expanda”.

Me mordía los labios. No quería contenerme, cada vez gemía más fuerte. “Por favor, no pares”. Sus dedos, su boca,… bailaban al son de mis caderas. Deseaba más.

La excitación crecía, me retorcía. Sólo pensaba en mí.


Ya no podía más, necesitaba sacarlo fuera. Deseaba más… su miembro… pero estaba tan excitada que acabé corriéndome y lloré de la emoción.

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