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Recuerdos de un día inolvidable

Recuerdo la primera vez que nos vimos.

Me dijiste que me recogerías en el aeropuerto. Estaba ansiosa por conocerte. Me preguntaba cómo serías, a que sabrías, que sentiría contigo,… Mi imaginación volaba e imaginaba toda clase detalles.

Al verte, despertó algo en mí. Eras tal y como te había imaginado y eso me gustaba. Deseaba estar a solas contigo.

Durante el trayecto en coche estaba nerviosa, pero me gustaba escucharte, cómo me mirabas… No sé si te diste cuenta de lo que provocabas en mí. Desde un principio, había deseado que me besaras, que me abrazaras,... pero me daba vergüenza pedírtelo o que te pudieras sentir incómodo. Pero ya quedaba menos para estar a solas en nuestro hotel.


Estaba ansiosa por un beso tuyo y cada vez me resultaba más difícil ocultarlo. Deseaba que te lanzaras sobre mi y así sucedió cuando llegamos a la puerta de nuestra habitación. Empezaste a besarme. Me dijiste que en el aeropuerto ya querías hacerlo, pero tenías miedo de que me sintiese incomoda ¡Malditos miedos!

Entramos en la habitación y no me soltaste en ningún momento, sin dejar de besarme. Querías desnudarme, pero yo no te dejaba. Quería que me desearas más. Cada vez que intentabas quitarme una prenda, dirigía tus manos hacía otro lugar.

Disfrutaba cuando pasabas tus manos por debajo de mi camisa, acariciando mis pechos. Pero no era suficiente para ti, querías verme completamente desnuda. Te gustaba lo que te transmitía. Te estaba volviendo loco el tenerme allí delante y no poder verme desnuda. Hasta que ya no pude prolongarlo más. Yo también lo deseaba.

Estábamos en el sofa, yo encima de ti. Me había quitado la camisa, mis pechos estaban frente a ti. Te quedaste mirándolos por un momento y volviste a besarme. Tus labios saboreaban mis pezones, tu cara masajeaba mis pechos. Estaba empapada, los pantalones me sobraban. Mis piernas temblaban, pero me levanté y me los quité. Me bajaste las braguitas y tu lengua recorrió mi cuerpo hasta llegar a mi vagina. Mi clitoris erecto, sonrojado y palpitante esperaba tu boca. Te gustaba verme deseosa. Te quitaste la ropa y volviste a tumbarte sobre mi.


Sabías lo que quería. Nada más ver tu miembro, mis ojos brillaban, empecé a gemir y a buscarlo. Quería saborearlo.

Me hiciste esperar. Antes, te alimentaste tú de mi, usando tus dedos y después un vibrador, estimulando cada parte de mí. Tus labios en mi vagina, tus dedos en mis agujeros apretaban cuanto más gemía... no te cansabas de darme placer... de mantenerme activa en cada gemido. Te suplicaba que me dejaras jugar con tu miembro, no quería correrme sin tenerte dentro, pero tú seguiste disfrutando de mi excitación, llevándome a esa parte mas lasciva de mi. Gritando y retorciéndome de placer. Mi climax llegó con tu boca en mis pechos, haciendo que me rindiese al orgasmo.


Orgasmo que me diste y que aún sigo recordando.

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